Tejido fascial

Tejido fascial

Cómo romper las adherencias fasciales en casa

Es posible que atribuya el dolor de cuello o de espalda a los músculos cansados o a la rigidez de las articulaciones. Pero estos síntomas también pueden estar causados por una parte del cuerpo de la que probablemente no haya oído hablar: la fascia. Hasta hace poco, esta red de tejidos en todo el cuerpo recibía muy poca atención, a pesar de su importante papel en cada movimiento que usted realiza.

La fascia es una fina envoltura de tejido conectivo que rodea y mantiene en su sitio todos los órganos, vasos sanguíneos, huesos, fibras nerviosas y músculos. Este tejido hace algo más que proporcionar una estructura interna; la fascia tiene nervios que la hacen casi tan sensible como la piel. Cuando se estresa, se tensa.

Aunque la fascia parece una hoja de tejido, en realidad está formada por varias capas con un líquido intermedio llamado hialuronano. Está diseñada para estirarse cuando te mueves. Pero hay ciertas cosas que hacen que la fascia se engrose y se vuelva pegajosa. Cuando se seca y se tensa alrededor de los músculos, puede limitar la movilidad y provocar la aparición de nudos dolorosos.

Determinar si el dolor se debe a los músculos, a las articulaciones o a la fascia puede ser difícil. En general, las lesiones musculares y los problemas articulares empeoran cuanto más te mueves. Las adherencias de la fascia tienden a mejorar con el movimiento y también responden bien a la terapia de calor, que ayuda a recuperar la elasticidad del tejido.

La piel de la fascia

Los estudios experimentales indican un efecto negativo del envejecimiento también en la plasticidad del músculo esquelético, que es el potencial de este tejido para modificar sus características estructurales y funcionales en respuesta a los cambios ambientales (Verdijk et al., 2007; Jee y Kim, 2017; Suetta, 2017). La respuesta de recreación a la atrofia inducida por la inactividad física también se ve obstaculizada en los músculos envejecidos (Pisot et al., 2016).

Los estudios realizados en seres humanos y en modelos animales demostraron que, con el avance de la edad, la lámina basal se vuelve más gruesa y desestructurada, y el contenido de colágeno tipo IV, laminina y la citoquina antimiogénica, osteopontina, aumenta en el músculo esquelético, lo que dificulta su potencial regenerativo (Kovanen et al., 1988; Grzelkowska-Kowalczyk, 2016). Además, también se ha notificado una disminución del número de fibroblastos y células madre en el tendón durante el envejecimiento en humanos y modelos animales (Squier y Magnes, 1983; Nakagawa et al., 1994; Zhou et al., 2010; Ruzzini et al., 2013).

A pesar de las modificaciones del tejido conectivo relacionadas con la edad, el efecto de estos cambios en las propiedades mecánicas de los tendones, como la resistencia, la rigidez y la elasticidad, sigue siendo objeto de debate, debido a los informes contradictorios (Svensson et al., 2015). Curiosamente, un estudio piloto reciente demostró que el ejercicio de resistencia agudo afectaba de forma diferencial a los adultos jóvenes y a los mayores en el contexto de la expresión génica de las metaloproteinasas (Wessner et al., 2019). Estos resultados apoyan la evidencia de la remodelación de la MEC dependiente del estímulo en los ancianos.

Qué es el tejido areolar

Los compartimentos fasciales del brazo se refieren al término anatómico específico de los compartimentos dentro del segmento superior del miembro superior (el brazo) del cuerpo. El miembro superior se divide en dos segmentos, el brazo y el antebrazo. Cada uno de estos segmentos está dividido a su vez en dos compartimentos que están formados por la fascia profunda, unos tabiques (paredes) de tejido conectivo resistente. Cada compartimento encierra músculos y nervios específicos.

Los compartimentos del brazo son el compartimento anterior del brazo y el compartimento posterior del brazo, divididos por los tabiques intermusculares lateral y medial. Los compartimentos del antebrazo son el compartimento anterior del antebrazo y el compartimento posterior del antebrazo.

El tabique intermuscular lateral se extiende desde la parte inferior de la cresta del tubérculo mayor del húmero, a lo largo de la cresta supracondílea lateral, hasta el epicóndilo lateral; se funde con el tendón del músculo deltoides, da sujeción al tríceps braquial por detrás, y a los músculos braquial, braquiorradial y extensor del carpo radial largo por delante. Está perforado por el nervio radial y la rama profunda de la arteria braquial.

Fascia crujiente

El objetivo de este artículo es aclarar cómo se considera la fascia en su contexto embriológico. La embriología nos permite destacar el origen de los tejidos y comprender no sólo las funciones de los mismos, sino también el comportamiento de las células individuales.1,2

Aunque muchos enfoques quirúrgicos o clínicos describen con precisión una amplia variedad de técnicas de tratamiento en las que interviene el tejido fascial, sigue habiendo una serie de imprecisiones. Por ejemplo, en un artículo reciente sobre la evaluación de los nervios de la rodilla mediante ecografía, se afirmaba que la fascia deriva del tejido mesenquimal indiferenciado que se desarrolla entre las semanas 22 y 35 de la gestación.3 Desde un punto de vista embriológico, la fascia tiene un doble origen y deriva tanto de los folletos mesodérmicos como de los ectodérmicos. De hecho, estos folletos son evidentes en las primeras semanas de desarrollo.4

Creemos que se necesita una nomenclatura anatómica basada tanto en la fisiología como en la embriología para clasificar con precisión la fascia. Sin embargo, no basta con alterar la nomenclatura; también es necesario comprender las verdaderas funciones anatómicas y los límites de la fascia. Los orígenes embriológicos deben tenerse en cuenta para la clasificación de los diferentes tejidos, y se necesitan más estudios que permitan una clasificación de la fascia basada en la evidencia.